En el contexto socioeconómico peruano actual, la formalización del empleo emerge como un factor estratégico para la prevención de la delincuencia y la mejora de las condiciones laborales. La percepción de que promover la formalidad en el mercado laboral puede contribuir a reducir los índices delictivos ha sido respaldada recientemente por diversos expertos en empleabilidad y políticas públicas.
La formalidad como motor de inclusión y seguridad
El pasado 10 de septiembre de 2026, el especialista en temas laborales Juan Sheput subrayó la importancia de fortalecer las facultades legislativas para impulsar reformas que promuevan la formalidad en el empleo. Según Sheput, esta formalización no solo aporta a la protección social y económica de los trabajadores, sino que también es una herramienta eficaz para combatir la delincuencia, al disminuir la vulnerabilidad social que puede derivar en actividades ilícitas.
Esta perspectiva se sustenta en la relación directa entre la estabilidad laboral y la reducción del riesgo de exclusión social, uno de los principales detonantes de comportamientos antisociales. La formalidad implica acceso a derechos laborales, seguridad social, y una mejor calidad de vida, elementos que fortalecen el tejido social y, por ende, la seguridad ciudadana.
Impacto en el sector empleabilidad
La promoción de la formalidad trae consigo importantes beneficios para la empleabilidad de la población, entre los que destacan:
- Mejora en la calidad del empleo: acceso a salarios justos, jornadas laborales reguladas y prestaciones sociales.
- Mayor acceso a capacitación: las empresas formales suelen ofrecer o facilitar programas de formación continua, lo que incrementa las competencias laborales.
- Seguridad jurídica: tanto para empleadores como para empleados, creando un ambiente confiable para la inversión y la creación de oportunidades de trabajo.
- Reducción de la informalidad: al incentivar la formalización, se reduce el mercado laboral paralelo que carece de controles y protección.
Estas ventajas son fundamentales para reducir las brechas de empleabilidad en diversos sectores productivos del país, especialmente en sectores donde la informalidad es elevada y persistente.
Retos y perspectivas para el 2026
A pesar de los avances, lograr una mayor formalización conlleva desafíos significativos. Entre ellos, se encuentran:
- Resistencia cultural y estructural: parte de la población laboral continúa viendo la informalidad como una salida inmediata frente a la falta de empleo formal.
- Capacitación insuficiente: la demanda por competencias laborales especializadas no siempre encuentra respuesta adecuada en programas de formación.
- Burocracia y costos asociados: para pequeñas y medianas empresas, formalizarse todavía implica desafíos económicos y administrativos.
Para superar estas dificultades es fundamental implementar políticas públicas integrales que incentiven la formalización sin generar cargas excesivas, al mismo tiempo que promueven el acceso a la educación y capacitación técnica.
Las tendencias hacia la digitalización y la automatización también plantean un nuevo escenario para el mercado laboral, con un énfasis creciente en la adquisición de habilidades tecnológicas. En este marco, la formalidad se convierte en un requisito para acceder a las mejores oportunidades profesionales y evitar el desempleo estructural.
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